Mi primer recuerdo relacionado con los libros fue escuchar a mi abuela
contarme el cuento de "La Cigarra y la Hormiga". El primer cuento que
recuerdo haber leído fue "Me Llaman la Nena Nueva" de Mercedes Pérez
Sabbi y la primera novela "El Secreto del Tanque de Agua" de María Inés
Falconi. Mis autores favoritos cuando era niña eran los hermanos Andersen. Leo
habitualmente libros en Castellano y otras veces en Portugués. Me considero una
lectora de librería. Me gusta prestar mis libros pero solo si considero que la
otra persona tiene la voluntad y responsabilidad de cuidarlo.
La tecnología provocó que mis hábitos
de lectura bajen su rendimiento. Reconozco que ahora es más difícil sentarse a
leer sin desconcentrarse viendo el celular. Mis sitios preferidos para leer son
mi habitación, porque me siento relajada y es un ambiente que me hace sentir
mucha paz. Otros sitios en los que me gusta leer es en mi terraza y en alguna cafetería
tranquila. Los sitios en donde no puedo leer es en el curso y en el colectivo,
porque son lugares muy ruidosos. Dentro de mi biblioteca tengo libros de
misterio, amor, fantasía y terror. Entre lo que más destaca, tengo la colección
entera de los libros de Agatha Christie y muchos libros de Stephen King. Stephen
King me gusta mucho a pesar de que sea muy criticado por la cantidad de detalle
que tiene en cada narración. Mi libro favorito de mi biblioteca es “Los Vecinos
Mueren en las Novelas” de Sergio Aguirre, me parece un libro brillante y puedo
leerlo miles de veces y no cansarme de profundizar y descubrir cosas nuevas. Suelo
marcar los libros con lápiz cuando hay partes que me parecen que tienen alguna
relación más profunda con cosas nombradas anteriormente en el mismo libro y
también cuando se nombra alguna película, libro o canción porque siempre me da
mucha curiosidad. Los libros que me marcaron la vida fueron “El Ruiseñor y la Rosa”
de Oscar Wilde, “Siddharta” de Hermann Hesse, “El Mundo de Sofía” de Jostein Gaarder
y “1984” de Orwell. Los libros que no pude terminar de leer fueron “En el
Camino” de Kerouac y “Holtus” de Cezilla L Lontrato. Sinceramente, no tengo un autor
favorito aún. Mi género favorito es Fantasía, me encantan los libros que tienen
Duendes, Elfos (todos los seres que pertenecen a la mitología nórdica en general),
etc. También me encanta la mitología griega. Mi mayor hazaña como lectora fue
leer un libro de 676 páginas en dos días sin perderme en ningún momento. Mi
mayor frustación como lectora es no poder llegar a descubrir libros geniales ya
que existen demasiados en el mundo. Leo porque me despeja muchísimo, además de
relajarme. Me encanta poder imaginarme todo un libro en mi cabeza y que al
recordarme ese libro se me vengan pequeños fragmentos como si fuesen una película.
A veces dejo de leer porque me enfoco en otras cosas como en la música o la
fotografía, pero cuando sí me molesto conmigo misma por dejar leer es cuando lo
hago de una manera inconsciente por estar mucho tiempo rodeada de tecnología.
Creo que la lectura no debe ser obligatoria porque, más allá de que sea muy
necesaria, no se le puede obligar a alguien a leer. Sin embargo, siempre
estamos leyendo cosas y no existe una persona a la que no le guste leer, sino personas
que todavía no encontraron el qué es lo que les gusta leer. El sentido que
generalmente tiene la literatura en la escuela es el “qué” leer, sin darle significado
ni profundizar en los textos. El sentido que debería tener la literatura en el
colegio sería el enseñar el “cómo” los lectores usan sus herramientas para
escribir y con que intencionalidad lo hacen. Por otra parte, suelo leer a la
noche, porque siento que es el momento más tranquilo y purificador del día.
Hay libros que dejan marcas en el cuerpo como en los que lloramos, pero creo
que la huella sobretodo suele ser mental. Un libro nos puede hacer darnos
cuenta de cosas que no veíamos antes, puede hacernos cambiar y ver la vida con
otros ojos.
Mi manera de leer suele ser la clásica, de principio a final sin saltearme
nada. Sin embargo, cuando me pierdo en alguna parte vuelvo a leer todo y voy
subrayando cosas que me parecen interesantes.

Justamente, la lectura en la escuela nos entrena en esas habilidades tan necesarias como la concentración, el pensamiento crítico, la adquisición de más y más palabras para nombrar al mundo y a nosotros mismos. Lo obligatorio nos enfrenta a asumir responsabilidades, lo que implica hacerse responsable de no leer o de hacerlo, porque leer sólo será una elección y un acto libre si se sabe leer. Acá, entonces, aparece la escuela que no está para hacer lectores, para eso están los libros ( miles de historias maravillosas, de palabras que parecen recién salidas del horno o piezas de una antigüedad estremecedora, la imaginación y el juego, la necesidad y el deseo); la escuela nos enseña -o debería- a leer y escribir con otros. Además, ya que la lectura se da siempre en soledad resulta buenísimo encontrarnos en un espacio para pensar y aprender juntos.
ResponderEliminarGracias por compartir.