Es difícil ser simple.
Mi mamá y mi papá siempre me leían antes de dormir.
Las aventuras de Cebollín fue el primer libro grande que leímos juntes. Unos
pares de capítulos por noche, una noche él y otra ella, y hacia la tercera vez
que lo leímos les empecé a leer yo a elles. Le siguieron Dailan Kifki, Valeria
Varita, Las Hadas Arcoiris, El Mago de Oz, Heidi y otros muchos libros y
libritos
En mi primaria (Colegio Moruli) en 4to grado tuve a una profesora de literatura que se llamaba Sandri, y fue mi profesora favorita de la primaria junto con otra de inglés. Sandri nos hizo leer Socorro de Elsa Bornemann y elegir un cuento de esos para renarrar. Después seguí en un taller de lectura aparte con ella en su casa. Ese mismo año en la Feria del libro anual del Moruli fui derecho a la parte que estaba pensada para 7mo grado y vi un libro que me llamó la atención. La Pirámide Roja de Rick Riordan. Le insistí mucho a mi mamá porque ella decía que era para más grandes, pero después de tres días de lo que se quejaba era que ya lo había leído y le pedía que me comprara el segundo. En dos semanas leí esa trilogía que me atrapó mucho, era fantasía basada en mitología egipcia. Después seguí con esas lecturas juveniles que ahora me dan risa de lo malas que son, pero en ese momento disfrutaba porque me trasportaban a otros mundos que siempre eran mejores que el mío. Cazadores de sombras, Percy Jackson, Harry Potter, Narnia. Después fui pasando a leer otro tipo de fantasía o ficción menos “comercial” casi toda recomendada por Sandri como La Guerra de Las Brujas de Maite Carranza, leí los clásicos de la colección Robin Hood, compilaciones de mitos griegos (me fanaticé con eso desde que leí Percy Jackson y hasta llegue a estudiar griego antiguo, aunque duré un mes) o relatos de mitologías de diferentes regiones, empecé a leer de Úrsula Le Guin, conocí El nombre del Viento que fue mi refugio por unos meses, también autores argentinos que me encantaron, Liliana Bodoc, Paula Bombara, Huidobro, Ferrari, casi todxs de la editorial Zona Libre que me encanta. Y ya no sé, perdí el rumbo y no me creo capaz de recordar el camino de todas mis lecturas. La realidad es que tuve mis momentos de no poder leer, porque no encontraba el tiempo o porque no encontraba una lectura que me copara. Últimamente disfruto mucho de los libros con cuentos cortitos y de variados autores que no son, quizás, muy conocides. Me abruma la cantidad de cosas maravillosas, simples o complejas que existen para leer y no sé por dónde empezar. Me parece que cada persona puede cocinar las mismas palabras y preparar miles de platos diferentes, y sonrío asombrada cada vez que descubro un nuevo sabor. Generalmente los encuentro en autores muy marginados, o autores de otros países, o de mis propies compañeres, o pares, que escriben y me tocan diferentes lugares de mi ser que no conocía.
Mi mayor enseñanza como lectora es, no forzar nada. Si
estoy leyendo un libro que me atrapa muchísimo y tengo que atender a cosas de
la realidad, me permito no hacerlo, porque estoy presenciando un fenómeno que
no se cuánto va a durar. Disfruto de ese libro que me arrastra a su profundidad
sin importarme lo que pase en mi aburrida vida real. Mi mayor frustración como lectora
es ir en contra de eso que aprendí. Es encontrarme en ese océano de palabras y
obligarme a salir por algo que al parecer es mas importante. ¿Hay algo más
importante que recorrer consciente hasta la última gota de estos pequeños océanos?
Y acá viene lo que me pasa con la lectura obligatoria: pongo en acción mi mayor
enseñanza como lectora y la frustro. Si yo leo un libro obligada, y ese
libro me atrapa, no puedo sumirme en el hechizo, porque tengo una fecha límite
para leerlo. Entonces termino leyéndolo rápido o muy por arriba, y me duele
mucho. Ahora que conozco la manera en que das esta materia, lo más certero
que pienso es que la literatura en la escuela tiene que basarse en esto que decís,
de que cualquier lector es escritor, y un escritor también es un lector. Porque
ver la literatura de una manera sistemática, y con reglas, y ver la escritura sistemática
y teórica, sin permitirnos jugar, le saca el jugo, y no nos permite a nosotres
exprimir nuestro arte.
Me leyeron, leí y me leí para otres, leí a mis
amigues, y me auto conté historias. A veces paré, me perdí y me costó volver. Una
mano lejana e inesperada me alcanzó el libro que más me hizo llorar, y a veces
los libros que me destrabaron vinieron solos con el viento. Cuanto más leo
menos entiendo, cuanto más escribo más destapo. Espero que esto nunca nos lleve
a una respuesta, porque ese sería el final.
Gracias
Amadío <3

Leyéndote, queda clarísimo que lectora no se nace sino que es una actividad que nos va haciendo a medida que leemos. Cuando desde la infancia hemos convivido con los libros, ya no podemos vivir sin ellos (aunque este amor quizás precisamente no se nos transmitió en el colegio), nos van marcando y llegan a convertirse en algo propio. Después de reír, llorar y trasnochar con las historias contadas por tantos autores sus experiencias se transforman en una parte importante de la propia vida.
ResponderEliminarRecuperar con esta tarea algunos tramos de este recorrido es regresar al punto de partida para comprender cómo, para qué, porqué leemos; es descubrir que pensamiento y emoción van juntos y, entonces, leyendo me leo y escribo.
Gracias por compartir.