Biografía lectora de un NO lector
Hoy en día, si realmente me pongo pensar, no tuve un amplio
camino relacionado con la literatura, y menos, con la lectura. Aun así, algún que
otro libro he leído, más que nada de chico, y cuentos infantiles. Recuerdo que el
primer cuento fue “Hipo no nada” de Pablo Bernasconi, que lo leí hasta sabérmelo
de memoria. Luego, ya un poco más grande, leí unos libros más como “El pulpo
esta crudo” de Luis Maria Pescetti y la historieta “Gaturro” de Cristian
Dzwonik o Nik. Este último se convirtió en mi único autor, y por ende, mi
favorito. Lo único que me llevo a leer Gaturro, fue ver a mis compañerxs leyéndolo,
porque realmente no me atraía para nada.
Un poco más grande me
vi obligado, por la escuela, a leer en inglés y si ya me costaba leer, mucho más
en una lengua que no era la mía. Por esto nunca más retome la lectura en otra
lengua. En ese periodo escolar se dio la que podría llamar mayor hazaña, que
fue leer “Tren fantasma” de Gabriel Korenfeld de unas 130 páginas, en tan solo
2 semanas.
Creo que la única razón
por la que leo hoy en día es por obligación de parte del colegio, así que podría
decir que gracias a la obligación de leer y al colegio, leo, más ahora que ni
siquiera necesito un libro físico, sino que lo busco en la web. Igualmente no
cambio nada en mis hábitos de lectura, no aumento ni disminuyo mis momentos de
lectura. Por esta posibilidad de leer en la web, se podría decir que mi lugar
para leer es dentro de mi casa, en silencio, si es que no pierdo el tiempo
contando las páginas faltantes para que termine el capítulo. Tampoco podría leer
en la calle o con gente porque me distraería enseguida y abandonaría la
lectura.
Creo que la razón de
mi poca dedicación a la literatura es que no encuentro el momento ni el lugar para
pensar que me gustaría leer, como tampoco se me da el lugar ni el momento para
sentarme a leer, y si lo tengo, prefiero dedicárselo a otras cosas, como la
guitarra o la música.
No hay libro que me haya cambiado la vida ni que me haya
llegado hasta emocionarme, esto se me da más con la música o con situaciones,
momentos, lugares.
Como cierre creo que mi mayor frustración en base a la literatura, no fue dejar de leer, sino nunca poder realmente empezar, aunque lo quisiera.

La escuela, y lo que hacemos en ella, no es una imposición sino el ejercicio de un derecho. Leer sólo será una elección y un acto libre si se sabe leer, esto es, comprender sin dificultades. La escuela puede o no hacernos gustar de la literatura, pero sí debe, ineludiblemente enseñarnos a leer, a comprender. Pasar de la lectura a la escritura y no hablo de ficción o de libros solamente, es dar cuenta de lo que pensamos, sentimos, deseamos; es construir pensamiento propio, cuestionar y cuestionarse y, al comunicarlo, que se entienda. Este es el arduo trabajo y el desafío que se nos abre en el espacio del aula.
ResponderEliminarGracias por compartir.