Delirios de un fin de semana lluvioso
“Al que madruga Dios lo ayuda”
Me levante una hora antes para no correr riesgos
ante cualquier contra tiempo. Desayune. Me arregle y lleve mis cosas hasta el
auto. Regrese al interior de la casa y revise puertas y ventanas, corte la luz
y el gas.
Ya en la ruta sintonice la música que me gusta.
Era un día soleado y de temperatura agradable.
Un camión en el carril contrario, pierde el
control y se dirige hacia mí.
Puedo distinguir la cara de terror y
desesperación del conductor.
Ya no veo nada.
“Vacaciones eternas”
Mis manos son muy delgadas, con vello y uñas
largas. Mi palidez pone celosa a la luna y mis labios son de rubí.
Soy cazador por naturaleza y me muevo
sigilosamente en las noches.
Vi pasar a los años que se convirtieron en siglos
y hoy me encuentro aquí cansado de herrar sobre esta tierra.
Tocan a la puerta. Al fin mi verdugo y salvador a
llegado con una estaca afilada.
Hoy mi descanso comienza.
“El lobo puede estar en cualquier esquina”
Me levante y salude a mi madre que ya tenía la
vianda preparada que compartiría más tarde con mi abuela.
Mientras tomábamos mate me conté de una seré de
robos que habían estado ocurriendo en el barrio de la abuela. Entonces, me
aconsejo que fuese por la avenida. Ya en la calle la advertencia de mi madre se
fue difuminando y ganó mi gusto por caminar por aquellas callecitas internas
tan pintorescas.
Estaba a dos cuadras de mi destino cuando siento
que tironean mi bolso haciéndome perder el equilibrio.
Después de incorporarme corrí hasta la casa de mi
abuela, la abrace muy fuerte y le conté lo ocurrido.
Entre sus brazos y con dulzura recupere la calma
y una hora más tarde compramos una pizza. Nada supera a la vianda de mamá, pero
no estuvo mal.
“Trascender”
Busco jovencita dispuesta y amable que quiera
escuchar anécdotas e historias de viajes increíbles. Llego al final de mis días
y quisiera que todas ellas no mueran conmigo. Tengo buen carácter, el pelo cano
recogido en un rodete y mis arrugas parecen ríos en un mapa.
“La playa”
Me senté en la sala de espera del renombrado
cirujano.
Estaba muy nerviosa.
La espera aumentaba la ansiedad.
Intenté un ejercicio de relajación. Imaginé una
playa, el sonido del mar.
La enfermera llama:
-Fernández. Nadie acude.
Le comenta al doctor que se había anunciado.
Ambos acuden a la sala de espera. Vacía. Solo
encontraron un charquito y un puñado de arena en el reluciente piso.
“Una solución inesperada”
Mi amiga me permite vivir en su departamento
mientras está de viaje, pero desconoce que vomito conejitos.
La situación de encontrarme presionada por
mantenerlo todo en su lugar y, en buen estado provocó una explosión de
nacimientos.
Decidí contarle todo en un extenso mensaje de
texto. Me contesto que hablaríamos en su regreso.
Ya en Buenos Aires, mantuvimos una extensa
conversación que culminó en una sociedad exitosa: “carne fresca de conejo”.
“Corre corazón”
Caminaba a la madrugada por la calle. Sus pasos
resonaban en la noche. Doblo en la esquina y los pasos se duplicaron y cuando
acelero la marcha aquellos que lo imitaban, también.
No se animó a darse la vuelta.
De refilón el distinguido destello de una hoja de
cuchillo, pensó que su corazón se le saldría del pecho.
Unos minutos después, tirado en la vereda mojada
vio a aquel hombre extraño sobre él con su corazón, que aun latía en su mano.
“El ultimo de mi especie”
Corría el año 3333, la humanidad había fracasado
y las máquinas poblaban la tierra.
En un lugar recóndito, en una caverna, el ultimo
niño abrazaba a su madre recientemente fallecida.
Once, un robot doméstico encontró a Alex y lo
adoptó instantáneamente. Cuido de él durante 23 años, hasta que Alex, ya un
joven, se preguntaba si sin una compañera ni ninguna esperanza valía la pena
vivir.
“Lengua de serpiente”
Era una tarde de abril cuando Emma aguardaba en
el consultorio del dentista.
Estaba nerviosa cuando el doctor Gonzales ingresó
y estrecho su mano.
- ¿Cómo está su dolor, Emma?
- No sé, después del último arreglo comencé a
sentirme extraña siento que mis dientes se mueven y que algo empuja y quiere
salir de mi encía.
El viejo dentista no sabía que decir, de las
encías le brotaba un liquido negro. Le comunico a Emma que le sacaría la muela,
ya que creía que el tratamiento no había funcionado y algo se pudría.
Al retirar la pieza dental se abrió paso una
víbora.
“Las estaciones del año”
Era primavera y me crucé por primera vez con tus
ojos. Todo era colorido y con un perfume embriagador.
Llegó el verano y todo era playa y risas.
Pero el otoño trajo gritos y una bofetada.
También, una promesa de que no volvería a ocurrir.
Aunque, el invierno hizo que tus golpes se
sintiesen aún más. Ya no salía de casa y mis amigos y familia se habían
alejado. Estoy cansada. Escucho tus pasos, el golpe fuerte de la puerta,
escucho lejos tus gritos y me veo tendida en el piso. Ya mi sangre es fría como
la nieve.
El predominio del narrador en primera persona y el tono de voz con que se narra les imprimen a los microrrelatos una intensidad muy parecida y los hacen tan similares que no sorprenden. Además, la perspectiva protagonista no siempre es la mejor opción para lo que se cuenta. . Falta variedad de recursos, probar con más palabras, experimentar con el uso connotativo del lenguaje.
ResponderEliminarRever tildes y uso de puntuación.
NOTA: 8-