Eclesiásticos.
Ningún dios se compara a tenerte bebé.
Niñera.
Continué golpeando con fuerza, en algún momento dejaron de llorar.
Carnicería.
Dijo que era rico, comprendí el por qué.
Crisis.
Se escuchaba en la cocina el perro y mi mamá. No había nada para comer hoy.
¿Qué es sueño y qué tangible?
Se revuelve el tiempo. Largo el pozo por donde crece y decrece, como la luna en el país de la locura.
Heroína.
En sus ojos solo caben matices de los setenta. LSD y flores. Sobredosis bailan a su alrededor, traen un blues sutil.La luz siguió prendida, pero no estaba más ahí.
Cuando río suena, piedras trae.
Aprendimos ya, que si lo escuchamos, escondernos es lo mejor que podemos hacer.
¡Almuerzo en casa!
Traigan platos y vasos. Pueden venir con los nenes, Romi, ya sabes que en esta casa más es mejor. Me alcanzan los cubiertos, tranqui.
Odio nacional.
No importa cuánto quieras esconder los muertos que llevás en tu espalda, desde lejos vemos cómo bailas con el bastón presidencial, escondidos los nervios que llevas, ignorando el pozo al que lentamente te acercas.
Horca.
Salta, sacude, baila. Pareciera al ritmo del DJ, la suavidez con la que se ahoga.
Muy buen trabajo: lográs captar los mecanismos del microrrelato en la mayoría de los textos; sin embargo, hay en algunos una falta de concisión por la elección de determinadas palabras. En pocos, la brevedad diluye la narratividad (planteamiento, nudo y desenlace). Así, las historias resultan opacas.
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