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lunes, 14 de octubre de 2019

Microrrelatos Ana Rosa Spiner. Delirios de un fin de semana lluvioso


Delirios de un fin de semana lluvioso

“Al que madruga Dios lo ayuda”
Me levante una hora antes para no correr riesgos ante cualquier contra tiempo. Desayune. Me arregle y lleve mis cosas hasta el auto. Regrese al interior de la casa y revise puertas y ventanas, corte la luz y el gas.
Ya en la ruta sintonice la música que me gusta.
Era un día soleado y de temperatura agradable.
Un camión en el carril contrario, pierde el control y se dirige hacia mí.
Puedo distinguir la cara de terror y desesperación del conductor.
Ya no veo nada.
“Vacaciones eternas”
Mis manos son muy delgadas, con vello y uñas largas. Mi palidez pone celosa a la luna y mis labios son de rubí.
Soy cazador por naturaleza y me muevo sigilosamente en las noches.
Vi pasar a los años que se convirtieron en siglos y hoy me encuentro aquí cansado de herrar sobre esta tierra.
Tocan a la puerta. Al fin mi verdugo y salvador a llegado con una estaca afilada.
Hoy mi descanso comienza.
“El lobo puede estar en cualquier esquina”
Me levante y salude a mi madre que ya tenía la vianda preparada que compartiría más tarde con mi abuela.
Mientras tomábamos mate me conté de una seré de robos que habían estado ocurriendo en el barrio de la abuela. Entonces, me aconsejo que fuese por la avenida. Ya en la calle la advertencia de mi madre se fue difuminando y ganó mi gusto por caminar por aquellas callecitas internas tan pintorescas.
Estaba a dos cuadras de mi destino cuando siento que tironean mi bolso haciéndome perder el equilibrio.
Después de incorporarme corrí hasta la casa de mi abuela, la abrace muy fuerte y le conté lo ocurrido.
Entre sus brazos y con dulzura recupere la calma y una hora más tarde compramos una pizza. Nada supera a la vianda de mamá, pero no estuvo mal.
“Trascender”
Busco jovencita dispuesta y amable que quiera escuchar anécdotas e historias de viajes increíbles. Llego al final de mis días y quisiera que todas ellas no mueran conmigo. Tengo buen carácter, el pelo cano recogido en un rodete y mis arrugas parecen ríos en un mapa.
“La playa”
Me senté en la sala de espera del renombrado cirujano.
Estaba muy nerviosa.
La espera aumentaba la ansiedad.
Intenté un ejercicio de relajación. Imaginé una playa, el sonido del mar.
La enfermera llama:
-Fernández. Nadie acude.
Le comenta al doctor que se había anunciado.
Ambos acuden a la sala de espera. Vacía. Solo encontraron un charquito y un puñado de arena en el reluciente piso.
“Una solución inesperada”
Mi amiga me permite vivir en su departamento mientras está de viaje, pero desconoce que vomito conejitos.
La situación de encontrarme presionada por mantenerlo todo en su lugar y, en buen estado provocó una explosión de nacimientos.
Decidí contarle todo en un extenso mensaje de texto. Me contesto que hablaríamos en su regreso.
Ya en Buenos Aires, mantuvimos una extensa conversación que culminó en una sociedad exitosa: “carne fresca de conejo”.
“Corre corazón”
Caminaba a la madrugada por la calle. Sus pasos resonaban en la noche. Doblo en la esquina y los pasos se duplicaron y cuando acelero la marcha aquellos que lo imitaban, también.
No se animó a darse la vuelta.
De refilón el distinguido destello de una hoja de cuchillo, pensó que su corazón se le saldría del pecho.
Unos minutos después, tirado en la vereda mojada vio a aquel hombre extraño sobre él con su corazón, que aun latía en su mano.
“El ultimo de mi especie”
Corría el año 3333, la humanidad había fracasado y las máquinas poblaban la tierra.
En un lugar recóndito, en una caverna, el ultimo niño abrazaba a su madre recientemente fallecida.
Once, un robot doméstico encontró a Alex y lo adoptó instantáneamente. Cuido de él durante 23 años, hasta que Alex, ya un joven, se preguntaba si sin una compañera ni ninguna esperanza valía la pena vivir.
“Lengua de serpiente”
Era una tarde de abril cuando Emma aguardaba en el consultorio del dentista.
Estaba nerviosa cuando el doctor Gonzales ingresó y estrecho su mano.
- ¿Cómo está su dolor, Emma?
- No sé, después del último arreglo comencé a sentirme extraña siento que mis dientes se mueven y que algo empuja y quiere salir de mi encía.
El viejo dentista no sabía que decir, de las encías le brotaba un liquido negro. Le comunico a Emma que le sacaría la muela, ya que creía que el tratamiento no había funcionado y algo se pudría.
Al retirar la pieza dental se abrió paso una víbora.
“Las estaciones del año”
Era primavera y me crucé por primera vez con tus ojos. Todo era colorido y con un perfume embriagador.
Llegó el verano y todo era playa y risas.
Pero el otoño trajo gritos y una bofetada. También, una promesa de que no volvería a ocurrir.
Aunque, el invierno hizo que tus golpes se sintiesen aún más. Ya no salía de casa y mis amigos y familia se habían alejado. Estoy cansada. Escucho tus pasos, el golpe fuerte de la puerta, escucho lejos tus gritos y me veo tendida en el piso. Ya mi sangre es fría como la nieve.


1 comentario:

  1. El predominio del narrador en primera persona y el tono de voz con que se narra les imprimen a los microrrelatos una intensidad muy parecida y los hacen tan similares que no sorprenden. Además, la perspectiva protagonista no siempre es la mejor opción para lo que se cuenta. . Falta variedad de recursos, probar con más palabras, experimentar con el uso connotativo del lenguaje.
    Rever tildes y uso de puntuación.
    NOTA: 8-

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