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jueves, 22 de octubre de 2020

Identidad Nacional. Luanda Olivar.

 Identidad Nacional.






Desde que nací,

 convivo entre el puro privilegio. 

Pero no de ese privilegio,

no me malentiendas.

Para mis tatarabuelos españoles, 

nacer 

y tener techo, 

comida, ropa y familia,

es algo que tenés por sentado. 

Para mi ascendencia africana, 

esta piel de porcelana

me brinda una protección

que ellos nunca conocieron. 

Y así convivo. 

Los tatarabuelos de mis tatarabuelos

mataron y esclavizaron 

a los tatarabuelos de mis otros tatarabuelos. 

Nací en Argentina, Buenos Aires. 

El lugar más inhóspito

de nuestro territorio sagrado. 

Este territorio

 que algún antepasado mío saqueó.

La nacionalidad es un invento

del asesino blanco

que mató al indigena

que ya estaba.

¿Ser argentinx, qué es? 

¿Es comer animales

ensangrentados y profanados?

¿es gritar cuando un payaso con camiseta 

le pega a un arco?

Los que alguna vez

nos sentamos al rayo del sol 

desde lo alto de una cumbre

y lloramos en su presencia,

sabemos qué es ser argentinx,

y los espíritus de nuestra tierra

nos enseñan

 cómo se venera.

Mi linaje contrariado

coexiste en mis manos,

en mi sangre, 

en mis ideas y

en mis pies.

Se conectaron en algún punto 

y me parieron acá. 

En tierra robada

para que aprendiera 

a valorarla. 



*



A nadie le gusta

que le pongan en cara

qué es lo que hace mal.

Y yo lo entiendo, 

profundamente.

Pero

 qué hipocresía tan grande

enseñarme a cuidar,

a amar, 

a respetar, 

y luego

enseñarme a masticar 

entrañas de un ser 

que estuvo vivo. 

En Argentina, 

el lugar donde respiré 

por primera vez,

donde crecí,

tomamos ésto 

como algo tan natural, 

como si fuera normal. 

Soy yo 

la irrespetuosa,

cuando insisto en que sepan 

el daño que están haciéndole

a nuestro planeta. 

Si la nacionalidad se basa

en degollar, 

en lastimar, 

en despedazar,

en asesinar mirando a los ojos, 

no quiero tener 

nada que ver

con mi país. 



*




Toda mi infancia 

me la pasé recorriendo el Norte

Un lugar, tan cálido, 

tan dulce.

Retumban los tambores

debajo de los pies, 

como si los muertos y los ancestros

estuvieran todo el año

de carnaval.

El sol te besa la piel

y el viento

lleva cantatas 

a los árboles.

Todos los ojos 

en los que

 poses tu mirada,

serán recordados. 

Soy solo una,

de los miles

que fueron y volvieron, 

pero 

una partícula de alma 

queda atrás

al regresar.


Los que tocaron 

mi tierra, 

lloran 

por volver a verla. 



*



Mis tatarabuelos

eran africanos. 

La famosa cuna del mundo, 

que todos decidieron 

dejar para siempre atrás. 

Negros, 

negros de alma y de piel,

a los que mi país 

se encarga de encasillar

y odiar. 

Mis tatarabuelos, repudiados

por el color 

que les tocó llevar. 

Yo los siento

guiarme,

cuidarme, 

enseñarme.

La sangre 

dentro de mis venas, 

la llevo con orgullo. 

Latinoamérica

 es mi casa. 

Casa de hermanos 

de todos los colores,

de todas las religiones, 

de todas las canciones.

El sol nos despierta 

y nos acuesta

por igual.

Las estaciones 

nos visten de la misma manera. 

Mis ancestros

nunca dejarán 

que los colonizadores 

nos pasen por arriba

nunca más.

Rugen dentro de mí. 

Y aunque

mi propio linaje contrariado, 

me parió

A ellos son los que

no pienso olvidar. 


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